|Productos| | Artículos publicados| |Cortos| |Colaboraciones|
 
La creatividad, al alcance de todos
Un experto académico revela que ser creativo no es cosa del otro mundo; eso sí, requiere trabajo duro, concentración y persistencia.

Muchas personas dicen que carecen de creatividad y por ello no se les ocurre nada. Lo más probable es que simplemente estén dejando hablar por ellas a su pereza, porque los psicólogos que estudian los procesos creativos han descubierto que éstos están hechos de piezas que todos tenemos.
“La creatividad —dice el doctor R. Keith Sawyer, profesor de educación y psicología en la Universidad de Washington en St. Louis— no es resultado de alguna región mágica del cerebro que unos tienen y otros no tienen”.

Autor de un libro reciente titulado Explicar la creatividad: la ciencia de la innovación humana, Sawyer lo utiliza en su curso sobre “Psicología de la creatividad”.

Un mensaje fundamental del volumen es que la mayoría de la gente está llena de ideas preconcebidas sobre la creatividad. Muchas de esas ideas son simples mitos, creencias falsas que es preciso disipar.

Uno de estos mitos es que las personas creativas lo son siempre, de modo que todo aquello que tocan “lo convierten en oro”. Pero Sawyer dice que la creatividad no funciona así: las personas creativas trabajan duro y con diligencia. También con inteligencia.

Otro mito se imagina a los creativos como freaks, como personas de vestir y vivir extravagante, entes solitarios y recluidos que poco tratan con la gente “normal”. En los hechos, la gente creativa es más bien normal, feliz, sana, altamente sociable.

Un mito más (muy socorrido en las películas) es que enfermedad mental y creatividad van de la mano. Según Sawyer, si bien hay algunos ejemplos de personas anormales y creativas, son la excepción.

Un ejemplo es el de la escritoria Sylvia Plath. “Pero ella misma dijo que escribía mejor cuando no estaba deprimida”, dice Sawyer. “Ella quería librarse de su enfermedad mental y no creía que le ayudaba a ser más creativa”.

También se tiende a ver a los creativos como genios solitarios y poco sociables. Pero lo cierto es que la gente creativa es altamente sociable y de hecho la creatividad moderna no es concebible en el aislamiento, ya que es altamente colaborativa. Los videojuegos, los programas de cómputo e innumerables productos que requieren altas dosis de creatividad son hechos por equipos de decenas o centenares de personas creativas trabajando en equipo.

El mito del genio solitario persiste porque al pensar en una persona creativa, muchos tienden a imaginarse un poeta o un escritor. Pero hasta los poetas y los pintores pasan mucho tiempo interactuando con la gente, porque sus obras creativas nacen de lo que saben.

Para otros, la creatividad es enemiga de los convencionalismos y las restricciones. Sawyer explica que esto es una tontería: la creatividad no podría existir si no hubiera convenciones, como ocurre con la música (todos componen usando las mismas notas, y los instrumentos convencionales).

“Los músicos nunca se frustran porque sólo tienen 12 notas en la escala. Los escritores no se molestan porque sólo pueden usar 26 letras”, dice el experto.

¿Qué es entonces la creatividad? Puede tenerse un atisbo con un ejemplo. Cuando una persona conversa, está atenta a las palabras de sus compañeros de plática, y cuando le toca el turno, hace un comentario propio pero que integra todo lo escuchado. Esta capacidad de improvisación requiere creatividad. O dicho de otro modo, lo que se pone en juego al tener una buena charla es creatividad.

Entonces, un grupo de mujeres que conversa mientras prepara la comida y ve televisión está practicando la creatividad. Un grupo de hombres que ve el juego de futbol y chismea sobre los vecinos también está siendo creativo.

“Hay mucho de toma y daca y todos escuchan a los demás”, explica Sawyer. “Escuchas lo que dice tu compañero y en realidad lo absorbes y construyes sobre ello. Así que una buena conversación es realmente colaborativa y surge de lo que todos están haciendo juntos”.

¿Cómo ser más creativo? El punto clave es que no se puede ser creativo en abstracto. Se es creativo respecto a un tema, y es preciso prepararse a fondo sobre el tema en el que se desea ser creativo.

“Por ejemplo, se toma mucho tiempo convertirse en un buen músico de jazz. No es algo que haces a la primera. Si tratas de sentarte con un grupo antes de estar listo, te abuchearán pronto. Así ocurre con casi cualquier dominio creativo”.

Entonces, el primer requisito para potenciar la creatividad es aprender todo lo posible sobre el tema. El segundo es trabajar mucho pero no al azar. Las personas creativas son muy trabajadoras pero adquieren hábitos inteligentes; en particular, alternan el tiempo de trabajo con tiempo libre, esos espacios libres de presión en los que pueden cambiar de tópico para pensar en sus pendientes de modos nuevos.

El ejemplo que Sawyer usa para describir cómo la creatividad nace de procesos cotidianos es el del invento del velcro. En 1948, George de Mestral, un inventor suizo, llevó a su perro de paseo y notó los cadillos que se adherían a su piel. Cuando los vio con una lupa, advirtió los diminutos ganchillos que fijaban el cadillo a la piel del animal, y se le ocurrió el velcro como un reemplazo para el cierre de cremallera.

“Todos tenemos la capacidad de ver el cadillo en la piel del perro”, dice Sawyer, “pero la persona creativa es capaz de hacer las conexiones con más rapidez. La gente creativa es capaz de tener percepciones formando una analogía entre dos cosas que parecen realmente muy distintas”.

Eche fuera estos mitos
En su edición decembrina de 2004, Fast Company presentó el trabajo de Teresa Amabile, jefa de la Unidad de Gestión Empresarial en la Escuela de Negocios de Harvard. Amabile, que estudia el proceso creativo, comentó a la revista seis mitos sobre la creatividad nacidos de casi una década de estudios de campo. Son éstos:

1La creatividad la aportan individuos creativos. La verdad es que se requiere creatividad de parte de todos, y lo cierto es que casi cualquier persona con inteligencia normal es capaz de hacer, hasta cierto punto, trabajo creativo. Lo cierto es que muchos no expresan su creatividad porque el ambiente se los impide.

2El dinero motiva la creatividad. En los hechos, la gente creativa piensa poco en la recompensa; y al revés, los que se la pasan pensando en el sobre semanal o quincenal tienden a ser poco creativos. Debe haber, sí, una compensación apropiada, pero la gente prefiere un ambiente que soporte, valore y reconozca la creatividad.

3Las presiones de tiempo alimentan la creatividad. La gente cree que los límites de tiempo disparan el espíritu creativo pero la realidad es lo opuesto; las presiones matan la creatividad más allá del día, porque no permiten profundizar. La creatividad requiere de cierto periodo de incubación para empaparse en el problema. También requiere de cierto aislamiento o blindaje contra las distracciones.

4El miedo empuja la innovación. Entre la población estudiada por Amabile esto simplemente no es cierto. La creatividad se asocia positivamente con alegría y amor, y negativamente con con ira, temor y ansiedad. “La felicidad de un día a menudo pronostica la creatividad del día siguiente”.

5La competencia es mejor que la colaboración. Si la gente de un grupo compite entre sí tiende a ser menos creativa que los trabajadores de equipo. Y es que si la genet está compitiendo para ser reconocida, ya no comparte ideas ni información.

6Una organización esbelta es una organización creativa. La verdad es que cuando hay “reajustes” la creatividad sufre horriblemente. Cuando hay la amenaza de despido, la gente de plano mejor se desconecta de lo que está haciendo.

Sin respeto a lo imposible
En el reciente Foro Económico Mundial de Davos, que por cierto tuvo como tema “El imperativo creativo”, una sesión de ocho panelistas se organizó en torno a la idea clave detrás de la creatividad. Al estilo de los reality shows, la sesión fue expulsando de la mesa a los más grises.

Así salieron pronto quienes defendieron como motores de la innovación al gobierno o a las religiones, y al final quedaron dos participantes con ideas interesantes sobre la creatividad.

Tim Brown, de Ideo, resaltó el valor de un marco mental propio de un principante, asociado a la creación rápida de prototipos. El argumento es que si se piensa como principante, uno se acerca a los problemas con una mente fresca y se le ocurren ideas que el experto ya no ve. Y traducir esas ideas en prototipos con rapidez permite ponerlas a prueba a bajo precio.

Marissa Mayer, de Google, defendió una “sana falta de respeto por lo imposible”, unida a una dosis apropiada de restricciones. El primer elemento es el que permite correr riesgos, mientras que las restricciones quieren decir que esos riesgos se corren siguiendo líneas productivas.

La audiencia le dio el triunfo a Mayer, es decir, a la combinación de hacer a un lado las vacas sagradas sin por ello perder la ruta: apuntar alto pero afinado.

Mayer relató que un amigo suyo le dijo que para un pintor era más fácil pintar en un lienzo que ya tenía algún trazo que en uno en blanco; la línea existente actúa como restricción o delimitador. Otro ejemplo: a los desarrolladores de producto de Ikea les dicen el precio que deben cumplir, y a partir de ahí (de esa restricción) empiezan a imaginar lo que puede lograrse. Cool.


Horacio Salazar

F uente: http://www.milenio.com

Enlaces
Restaurantes
Galache-La Oficina-Gambrinus
Soluciones
© imagen gráfica "de V" 2005